¡Para eso entramos en el pase! Queríamos muchos participantes para que si dábamos en el clavo en el flop, alguno de todos ellos pagara. Y es lo que está sucediendo. Tres players pagaron $14; lo que significa que el flop los ha favorecido de algún modo o tienen un proyecto abierto. Si el proyeo1o es a escalera, sólo será superior al nuestro si en el river sale una de las barajas que tiene nuestra denominación (7-5) y el rival tuviera un 8. Pero en el mazo quedan nada más que tres de cada una; y si es a color, tiene un 20% de probabilidades de salir en el river.
De modo que estamos parados en el lugar exacto: con la mano hecha y otros al dibujo, o sea, con un margen a favor. En estas circunstancias, repetimos la secuencia de siempre: apostamos de tal manera de poner las chances del pozo en contra. Lo habitual sería un poco más de la mitad del pozo. Pero tres razones nos dicen que sea más:
1. Nos las vemos contra tres rivales, no contra uno. Mientras más haya, más serán las probabilidades de que paguen.
2. Los tenemos catalogados de pagadores. Los buenos players no pagarían una apuesta desmedida y una de las características del juego pobre es ir contra las chances. Así que se puede subir el límite y aún esperar seguidores.
3. Finalmente, la más importante. Colóquense del otro lado. Supongan que tienen un proyecto a color máximo con A y 6 de corazones, ¿no verían una apuesta aunque luciera excesiva a primera impresión? Los argumentos 1 y 2 corren igualmente para este supuesto jugador: si saliera un corazón en el river es muy posible que sea bien retribuido.
La pregunta inicial constaba de dos partes y en ambas concluye la misma réplica: apostar. La medida la va a dar la distancia de lo que suma el pozo y el resto de p6. Si p6 ve una apuesta ahora, va a quedar atado al pozo. Si mandamos $60 y los ve, el pozo va a ser, para él, de tal magnitud que los $60 restantes seguirán el mismo camino. Si responde a una apuesta de $60 con un jugado, nos da la posibilidad de volver a revirar comprometiendo, nuevamente, al resto de los involucrados. Si apostáramos $61 y p6 respondiera con un jugado, esa opción se nos cerraría. En esta mesa, un revire tiene que ser, al menos, del doble de la apuesta previa.
Respuesta. Apostamos $60.
Acción. P2 y p4 van al mazo. P6 hace un jugado que, naturalmente, vemos.
River: A de trébol
Nos da la mano ganadora. Las barajas de p6 eran 5 y 9 de corazones.
Conclusión. En pases en los que se espeja tan hondo es preciso saber distribuir las fuerzas y mantener la tensión en todo su recorrido, evitando ceder al impulso de la apuesta destemplada o el jugado; fruto de la inexperiencia, el nerviosismo o el temor a que salga la carta a la que se teme.


